sábado, 22 de noviembre de 2008

LA CREACIÓN DEL SOL Y LOS PLANETAS (2)


Si queremos continuar describiendo la evolución del Universo y de los mundos que nos rodean, que habíamos comenzado en la bitácora anterior (POLVO DE ESTRELLAS), debemos situarnos en el preciso momento en que nos encontrábamos: el momento del Nacimiento de nuestro Sistema Solar.

Después de más de 10.000 millones de años desde el origen del Universo, por fin se encontraban disponibles todos los materiales necesarios para la formación del Sol y de los Planetas en este preciso lugar del brazo de nuestra Galaxia,. Un lugar lo suficientemente alejado de su espectacular núcleo, que esta completamente lleno de radiación y por lo tanto es incapaz de albergar la vida.

Aquí, las cenizas de una Supernova anterior que había hecho explosión, había creado el material necesario para construir los planetas rocosos, y sembrar las semillas de la Vida.

La espectacular imagen adjunta muestra el momento de la creación del Sistema Solar, en el que se fueron consolidando los planetas con sus diferentes orbitas y tamaños.

El Sol se acababa de formar, hace 4.700.000.000 años, a partir de la gran nube de Hidrógeno que aún permanecía, que fue creciendo por su propia gravedad y fue comprimiendo con presiones indescriptibles los átomos de Hidrógeno unos contra otros en el núcleo de esta nueva estrella, hasta que comenzaron las reacciones nucleares de fusión en este núcleo, se extendieron por toda la estrella y el Sol se iluminó.

A su alrededor quedaba una nube de Polvo y Gases en forma de disco, que contenía aun con gran cantidad de hidrógeno y que continuaba girando veloz alrededor de la estrella recién formada.

En esta nube se fueron condensando pequeños granos de materia sólida, que formaron los núcleos de futuros planetas, que continuaron creciendo por su atracción gravitatoria, y dieron origen a los primeros planetoides compuestos de rocas de Silicio y Aluminio, de Hierro y de Hielo y crearon también los Planetas Gigantes, compuestos por una mezcla de gases (Hidrógeno en su mayoría) y materia sólida en su núcleo.

Los planetoides comenzaron a seguir trayectorias en espiral alrededor del Sol, con una duración de cientos de miles de años, empujados por su propia masa que crecía con cada nuevo choque con otros planetoides, continuamente atraídos hacia la gran masa del nuevo Sol.

Solo se salvaron unos pocos, aquellos planetoides que se encontraban en los “lugares adecuados”, a las velocidades orbítales correctas, que fueron absorbiendo a los que iban a otras velocidades o distancias.

Los objetos que se encontraban en los “lugares equivocados” fueron absorbidos por los planetas que crecían o por el propio Sol, o bien fueron expulsados en órbitas de escape, lejos del Sistema Solar.

Ya sabemos que cualquier objeto cuando gira velozmente “siente” una fuerza centrífuga, que tiende a alejarlo de su centro de giro, por ese motivo cuando giramos rápidamente una honda, o cualquier peso atado con una cuerda, esta se pone tensa, como un radio de giro alrededor de nuestra mano.

Todos los planetas actuales siguen un movimiento de traslación estable alrededor del Sol y giran a la velocidad justa en la que la fuerza de escape (centrífuga) equilibra exactamente a la fuerza de atracción de la gravedad del Sol.

Los planetoides que no lo hicieron así, o bien han escapado hace siglos del Sistema Solar, o bien han colisionado con otros objetos y han pasado quizá a constituir la masa de los planetas gigantes, o del propio Sol.

El resultado de este choque, bombardeo y eliminación durante siglos ha dado lugar a la configuración estable de las órbitas y velocidades de los planetas actuales. Es la “danza de los planetas” que como un movimiento de relojería perfectamente ajustado, mantiene todos los cuerpos en sus orbitas a las distancias exactas y a las únicas velocidades de traslación posibles, mucho más rápidas cuanto mas cerca del Sol se encuentren.
Ley de Bode

En 1772 un astrónomo Alemán se dio cuenta de la regularidad con que los planetas se situaban alrededor del Sol, en las únicas órbitas posibles (las únicas que resultaban estables, por su mutua interacción), y enunció una curiosa relación numérica conocida como “Ley de Bode”.

Vamos a describirla de forma simplificada; si tomamos la progresión numérica: 0, 3, 6, 12, 24, 48, 192, 384, etc. (cada número doble del anterior, excepto el 0), y le añadimos 4, obtenemos la siguiente progresión: 4, 7, 10, 16, 28, 52, 100, 196, 388.

Pues bien, estas son las distancias a las que se encuentran los distintos planetas, respecto al Sol, tomando como el número 10 la distancia de la Tierra (unos 150 millones de Km.).

La tabla con las verdaderas distancias y las predichas por Bode sería la siguiente:
BODE PLANETA DIST. REAL
4 Mercurio 3,9
7 Venus 7,2
10 LA TIERRA 10
16 Marte 15,2
28 ¿? -
52 Júpiter 52
100 Saturno 95,4
196 Urano 191,8
388 ¿? 300,7


Los signos de interrogación corresponden a objetos desconocidos en esta época.

En el año 1800 seis astrónomos formaron un grupo denominado “la policía celeste” para buscar el planeta perdido, correspondiente al enorme hueco encontrado entre Marte y Júpiter, el situado según la Ley de Bode a 5,2 U.A. (5,2 veces la distancia Tierra-Sol).

Fue un astrónomo Italiano en Sicilia (y no la policía celeste) quien descubrió este planetoide llamado Ceres. Sin embargo era muy pequeño y pronto se descubrió cientos de otros pequeños cuerpos orbitando a la misma distancia (Palas, Vesta, etc.), entre la órbita de Marte y la de Júpiter. Hay más de 40.000 pequeños asteroides orbitando entre Marte y Júpiter.

Hoy pensamos que este “CINTURÓN DE ASTEROIDES” situado a 5,2 U.A. son los restos de un planeta que no se llegó a formar, o que al poco de su formación explosionó, destruido por la enorme gravedad del siguiente planeta Júpiter, planeta cuya masa le sitúa casi en el límite de ser una nueva estrella.

El Sol podría ser un Sistema Doble, como la gran mayoría de los Sistemas Estelares que existen en el universo.

En1781 William Herschel había localizado gracias a su telescopio a Urano, el primer planeta descubierto en tiempos históricos.

A partir de 1842 tras una búsqueda exhaustiva para explicar las perturbaciones orbítales de Urano y la disparidad con la distancia a la que los astrónomos esperaban encontrarlo (según la ley de Bode), se localizó al nuevo planeta Neptuno en 1846, tras los cálculos orbítales del Francés Leverrier, planeta que llenaría el hueco de 38,8 U.A aunque no con precisión absoluta.

Esta nueva disparidad dio lugar a su vez a la búsqueda de un nuevo Planetoide al que ahora llamamos Plutón, y al que durante muchos años se le ha considerado como el 9º planeta de nuestro Sistema Solar, aunque hace poco ha perdido esta categoría.

Hoy pensamos que la Ley de Bode nos muestra de un modo empírico la considerable sincronía con la que los planetas giran de modo estable alrededor del Sol, atenuando sus perturbaciones mutuas, y equilibrándose perfectamente entre la tendencia a caer a nuestra estrella, o a la de salir despedidos fuera del Sistema Solar.

http://es.wikipedia.org/wiki/Resonancia_orbital